Aquí una historia de superación:
Tengo 56 años. De pequeña sacaba malísimas notas, me trataban como si tuviera un retraso, por ejemplo, la palabra gabardina,aparentemente tan fácil, era tan difícil de decir y de escribir para mí. Ahora empiezo la universidad para mayores de 55 años, casi no me lo creo. Siendo la última de la clase, nadie que no lo haya padecido sabe lo que sufre una niña a la que llaman “lengua de trapo” y otros adjetivos. Hoy en día sigo teniendo problemas, pero sé que grandes personalidades también han tenido la misma dificultad que yo y han conseguido importantes logros. Mi carácter positivo me ha hecho salir adelante y mis esfuerzos, a base de repetir muchísimas veces una misma palabra hasta decirla bien, han hecho que muchas personas que me conocen no sepan que tengo dislexia. Por tanto, con esta carta, considero que yo también he salido del armario y puedo decir que soy disléxica. Tener dislexia no es ser retrasado, sino tener un problema. Ahora, la última de la clase pisará la Universidad Complutense después de también haber trabajado casi 35 años. Soy feliz.— María Victoria Trívez Garijo.
http://elpais.com/elpais/2015/10/06/opinion/1444142637_345894.html
Después de leer este articulo de cartas al director en la pagina del "El País" se me vienen muchas cosas a la cabeza. La autora del texto tiene ahora 56 años, podemos imaginar el calvario que tubo que sufrir hace unos cuantos años cuando no se estaba muy concienciados sobre esta diversidad funcional de María. Aun hoy en día falta un largo camino por recorrer en torno a la aceptación de personas con este tipo de peculiaridades. Pero es muy meritorio ver como María se ha superado a sí misma, y también ha superado las limitaciones sociales, incapacitantes en muchas ocasiones para llegar a empezar a realizar una carrera en la Universidad Complutense, sintiendose una persona feliz. Ole María.
